miércoles, 1 de marzo de 2017

TU NOMBRE YA ESTA INSCRITO EN EL CIELO...


Sí...     ¡Alégrate!
Tu ciudadanía pertenece al cielo.
¿Acaso lo mereces?
¡No! ¡De ninguna manera!




Entonces...
¿Por qué tu nombre está inscrito en el cielo?

Por haber creído en la obra redentora de Jesucristo a tu favor.
Pon atención a los textos bíblicos siguientes...

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.
Efesios 2:8-9.

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación”
Romanos 5:8-11

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”
Tito 3:4-7


Ahora eres inocente ante Dios porque Cristo ya pagó en un solo sacrificio por todos tus pecados en la cruz; parece inconcebible, pero así es. La Biblia es clara al afirmarlo...

“Dios os dio vida juntamente con Jesucristo, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”
Colosenses 2:13-14




La pregunta es:
Si Jesucristo ya pagó por tus pecados,  y te inscribió en el cielo...     ¿Puedes seguir pecando?

¡No!
De ninguna manera...
Veamos lo que escribe Pablo al respecto:


“¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”
Romanos 6:1-2

Un cristiano genuino al ser gobernado por el Espíritu Santo, pondrá en su interior el rechazo espontáneo a toda forma de pecado. El único deseo que habrá en su corazón será el de vivir de acuerdo a las enseñanzas de Cristo.

Una persona que peca deliberadamente porque dice que Cristo ya pagó por todos sus pecados, jamás ha experimentado el nuevo nacimiento. Un verdadero cristiano mostrará espontáneamente frutos de arrepentimiento.

Sin embargo cabe recordar que,  como seres de carne somos propensos a seguir sus impulsos y a proceder de acuerdo a ellos. Veamos que más sigue escribiendo el apóstol Pablo en sus cartas...

“Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”
Romanos 7:15-24

La referencia anterior, en ninguna manera se presenta como pretexto para pecar; sino para que nos fortalezcamos en Dios y luchemos contra nuestras tendencias pecaminosas.

Un cristiano genuino, experimentará el deseo intenso de luchar contra sus tentaciones y tendencias pecaminosas; y la única manera de vencerlas es invirtiendo tiempo para fortalecerse espiritualmente. He aquí el consejo que nos brinda nuestro Señor Jesucristo:

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”
Mateo 26:41.

“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”
Efesios 6:13.


Has comprendido que de ti NADA bueno puedes hacer o lograr...     Has comprendido que el deseo, la determinación y la fuerza para agradar a Dios provienen de su Espíritu obrando en ti...     Has comprendido que todo se lo debes a su Gracia y Misericordia incondicionales...

“Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre”
Apocalipsis 3:8




Si...     ¡Alégrate!
Tu nombre ya está inscrito en el cielo.
Grandes bendiciones eternas te aguardan.

“Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos”
Lucas 10:20

“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”
1 Corintios 2:9






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José Alfredo Liévano.
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