miércoles, 15 de marzo de 2017

QUIEN NO PEQUE... TIRE LA PRIMERA PIEDRA.


Propensos a pecar...     ¡Todos los somos!
La experiencia diaria nos lo demuestra, y aunque no lo queramos, nuestra carne reacciona naturalmente hacia dicha tendencia; de esto, el apóstol Pablo lo testifica con claridad, pero tampoco lo justifica.    

“Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros”
Romanos 7:15-23.

Todos tenemos un “punto débil”. En unos, más evidente que en otros; pero igual, nadie se escapa de este aguijón que nos recuerda la  vulnerabilidad a la que estamos sometidos todo el tiempo, así como nuestra dependencia absoluta de la GRACIA y el PODER de Dios.

“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo”
2 Corintios 12:9




Dios se compadece de nuestro estado pecaminoso.

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno (Jesucristo) que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”
Hebreos 4:15

Dios se hizo hombre en Jesucristo para librarnos de culpa por medio de su sacrificio en la cruz. (De esto se trata básicamente el mensaje del evangelio)

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”
Colosenses 2:13-14.




“El que no tenga pecado, tire la primera piedra”
Juan 8:7

Nadie queda exento...
Nadie puede condenar a otro por ser pecador.
Todos somos culpables delante de Dios.

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”
1   Juan 1:8

Si nos mantenemos “en pie”, no es por nuestros méritos o esfuerzos; sino por la GRACIA incondicional y el PODER sobrenatural de Dios obrando de continuo. No tenemos de qué jactarnos ante él, ni ante los demás, ni ante nosotros mismos.     Comprendámoslo de una vez...     ¡Somos pecadores!




¿Qué hacer entonces?
Abandonémonos  bajo la Gracia y el Poder de Dios.

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”
Hebreos 4:16.

Tenemos a la mano el recurso eficaz para hacerlo...     ¡La oración perseverante!
Por medio de la oración constante recibiremos la fuerza de lo alto para contrarrestar nuestra debilidad.

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”
Marcos 14:38

“Oh Dios, de mañana oirás mi voz;
De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré”
Salmo 5:3

“Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré,
y él oirá mi voz”
Salmo 55:17


¿Y si caemos por algún descuido?
Su Gracia nos levanta y sostiene.

“Cuando el hombre cayere, no quedará postrado,
Porque el Dios Eterno sostiene su mano”
Salmo 37:24


Nuestras fuerzas están en Dios...
¡No lo olvidemos!

“Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas,
En cuyo corazón están tus caminos”
Salmo 84:5





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José Alfredo Liévano.
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