El mundo vive envuelto en crímenes, violencia, injusticias, destrucción, discordias, venganzas y toda clase de males; y mientras se mantenga así, en rebeldía abierta a la voluntad de Dios, la situación a nivel mundial va a empeorar hasta llegar al colapso total e irreversible. Por lo tanto, es urgente que la humanidad vuelva su corazón arrepentido hacia Dios, no existe otra salida viable.
Ante la crisis mundial, nos corresponde a nosotros, los hijos de Dios, a todos los bautizados que formamos parte de la Iglesia Universal instituida por Cristo, iluminar con la LUZ del evangelio todos los rincones del mundo. Ese es nuestro compromiso, ahora.
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