viernes, 11 de septiembre de 2015

ES POR GRACIA Y MISERICORDIA DE DIOS.


El perdón de Dios lo tenemos siempre a nuestra disposición; él no ignora nuestra débil condición humana, no ignora nuestra propensión a caer.   “Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo” (Salmo 103:14) Así como el polvo es arrastrado por cualquier viento, así somos propensos los seres humanos a ser arrastrados por todo tipo de tentaciones.   Tarde o temprano siempre somos víctimas de nuestras debilidades.   No en vano en la carta a los romanos, Pablo hace referencia a ese estado permanente nuestro. “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10).   Ninguno de nosotros se puede presentar con la “frente en alto” delante de Dios para justificarse por sus acciones, es imposible. No hay día que fallemos aun hasta con un mínimo pensamiento. Nuestro record NO es intachable; por eso, el único que nos justifica delante de Dios es nuestro Señor Jesucristo.   La enseñanza al respecto se encuentra saturada a lo largo de todo el Nuevo Testamento.   “La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Romanos 3:22-25).   Nuestra JUSTICIA no la alcanzamos por nuestros méritos, sino por la obra que Jesucristo hizo en la cruz a nuestro favor.   Sin embargo, el hecho de ser JUSTIFICADOS por la obra que hizo Jesucristo en la cruz en favor nuestro, no se constituye en pretexto para que pequemos deliberadamente, ya que la presencia activa del Espíritu Santo que mora en nuestro interior nos motiva a hacer lo  bueno y nos da la fuerza para no caer; de ahí que es de vital importancia alimentar nuestra vida espiritual para no caer en tentación. De hecho nuestro Señor Jesucristo nos lo ordena: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. (Mateo 26:41).   Como mencioné al inicio de esta reflexión, todos somos propensos a caer en tentación debido a nuestra tendencia pecaminosa, pero si eso llega a ocurrir recordemos lo que nos dice su Palabra: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:1-2)...   “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Juan 1:8-10). Reconozcamos siempre nuestra tendencia a pecar, pero que NO se constituya en un pretexto para hacerlo.   Si el Espíritu santo vive y obra EN nosotros, nos pondrá el deseo espontáneo de HUIR de todo aquello que nos aparte de Dios, de luchar constantemente con todo tipo de tentaciones, de perseverar en una vida pura y de mantener firme la visión de nuestro destino eterno.

Es por la GRACIA y la MISERICORDIA de Dios que su perdón se mantiene a tu total disposición.

Es por la GRACIA y la MISERICORDIA de Dios que su perdón te libra del juicio venidero.

Es por la GRACIA y la MISERICORDIA de Dios que su perdón es una constante oportunidad a tu favor.

Es por la GRACIA y la MISERICORDIA de Dios que tu nombre ha sido inscrito en los cielos.



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@JAlfredoLievano